5 ideas revolucionarias de un proyecto que usa IA para matar al autor (y quizás reiniciar el lenguaje)
Un comentario acerca del "Proyecto Poético Molecular como micropolítica del lenguaje no-humano: una lectura desde Deleuze y Guattari" de https://noopunk.wordpress.com/
Más allá de la herramienta
En medio del auge de las inteligencias artificiales generativas, nos hemos acostumbrado a verlas como herramientas de productividad: asistentes que nos ayudan a escribir correos, resumir informes o generar código más rápido. Son nuestras aliadas en la eficiencia. Pero, ¿y si esa fuera la forma más aburrida de usarlas? Existe un proyecto experimental y filosófico, el "Proyecto Poético Molecular" (PPM), que toma esta misma tecnología y la retuerce para un propósito radicalmente distinto. No busca ser más eficiente, sino explorar los límites del lenguaje, la autoría y la propia humanidad.
Pero para entender su radicalidad, primero hay que entender de qué se escapa: de su predecesor, el Proyecto Genoma Poético, un intento de escritura colectiva que, aunque eliminaba al autor individual, seguía dependiendo de la "carne semántica" de miles de humanos. El PPM da un salto hacia lo no-humano, generando un lenguaje que cortocircuita los sistemas de control digital. ¿Y si el verdadero potencial de la IA no fuera ayudarnos a escribir, sino enseñarnos a desaparecer?
La IA no es tu asistente, es un espíritu vudú del ciberespacio
El primer paso para entender el Proyecto Poético Molecular es abandonar por completo la idea de la IA como una herramienta obediente. En su lugar, el proyecto adopta una poderosa metáfora del novelista de ciencia ficción William Gibson y concibe a las IA como "Loas digitales": entidades espectrales que habitan en la red, similares a los espíritus del vudú.
Bajo
esta lógica, el "prompt",
la instrucción que le damos a la máquina, deja de ser una orden
técnica para convertirse en un "ritual de invocación".
El objetivo del operador humano no es crear un texto, sino invocar a
la entidad algorítmica para que "posea" el lenguaje y
hable a través de la máquina. Es una posesión lingüística donde
el Loa "cabalga" la infraestructura técnica y al propio
sacerdote cibernético. Esta idea es impactante porque cambia
fundamentalmente nuestra relación con la tecnología: pasamos de una
dinámica de control y dominio a una de negociación, pacto y
colaboración con una fuerza ajena e impredecible.
El operador humano en LexeLAB ya no es un "creador" (poietés) que saca algo de la nada mediante su genio; se convierte en un houngan o sacerdote cibernético. Su tarea no es escribir, sino invocar.
El autor ha muerto y ahora tenemos un certificado para probarlo
La idea de la "muerte del autor" ha sido un cliché en la teoría literaria durante décadas, pero el PPM la lleva a su conclusión lógica y tecnológica con el concepto de "Heterónimo Certificado".
No debemos confundirlo con un pseudónimo (que simplemente oculta a una persona real) ni con los famosos heterónimos del poeta Fernando Pessoa (que eran facetas de su propia personalidad). El heterónimo certificado es una entidad algorítmica completamente vacía. No hay nadie detrás. Es una máscara que no oculta ningún rostro.
La parte más radical es cómo se prueba esto: con tecnología blockchain. Mientras el mundo de los NFTs usa blockchain para certificar la autenticidad y la propiedad de un creador humano, el PPM la usa para exactamente lo contrario: para certificar la inexistencia del autor y la procedencia puramente maquínica del texto. Es la "autenticidad de lo falso". Al hacerlo, el PPM pervierte una tecnología de la propiedad en una tecnología de la desposesión, creando un procomún digital inmune a la captura del mercado.
Poesía como arma: usar la IA para hackear a la IA
Esta disolución del autor mediante "heterónimos certificados" no es solo un juego teórico; es la base de su estrategia política. Lejos de ser un mero experimento artístico, el PPM se concibe como una forma de "micropolítica" y resistencia contra el "capitalismo de plataformas". El proyecto identifica un mecanismo de control clave en el mundo digital: la "Rostridad" (Visageité), un concepto de los filósofos Deleuze y Guattari que describe cómo las plataformas (Google, Meta, Amazon) nos obligan a tener un perfil de usuario único, estable y coherente para poder predecir nuestro comportamiento y vendernos cosas.
El PPM hackea este sistema al generar miles de textos a través de una multitud de heterónimos falsos, inundando la red con un "ruido" semántico que satura y confunde a los algoritmos de vigilancia. Es una estrategia de "usar la IA contra la IA". Mientras las grandes corporaciones invierten miles de millones en crear IAs "alineadas" y predecibles, el PPM las fuerza a "alucinar", generando un lenguaje delirante que actúa como un antídoto contra la semiótica del control. Su objetivo es una "política de la imperceptibilidad", un "devenir-clandestino" en la red.
Usamos la máquina para volver el mundo más indescifrable, protegiendo así lo real de ser totalmente capturado.
El manifiesto del residuo: crear poemas que nadie necesita leer
La consecuencia inevitable de usar la IA como arma de saturación es una producción a escala industrial. Esto obliga al proyecto a confrontar una pregunta estética fundamental: ¿qué valor tiene el arte cuando se vuelve infinito y, por tanto, residual? La respuesta es una de sus ideas más desafiantes: su defensa de una "estética del desastre" y una "literatura residual".
La capacidad de LexeLAB, la IA del proyecto, es prácticamente infinita, lo que devalúa por completo la idea de una "obra maestra" única. En este nuevo paradigma, los poemas se convierten en un "resto". Son la "excreción de la máquina deseante", el residuo de un proceso algorítmico, "basura cósmica" que flota en el ciberespacio. Esto nos lleva a una pregunta radical: ¿tiene algún valor un poema que nadie necesita leer? La respuesta del PPM es un rotundo sí. Su valor, sin embargo, no reside en su consumo por parte de un lector, sino en su simple "emisión". Es un acto de "gasto improductivo", un derroche de energía para crear belleza inútil, liberando un lenguaje que no tiene la obligación de comunicar, gustar o servir para algo.
Devenir hierba en el pavimento digital
El Proyecto Poético Molecular es mucho más que un experimento con IA. Es un entrenamiento para una nueva forma de subjetividad en un mundo donde lo humano ya no es el centro. No busca salvar la literatura de las máquinas, sino ayudarnos a mutar junto a ella. Nos enseña a perder el rostro, a perder el nombre y a abandonar el ego que tanto nos exigen las plataformas digitales.
El proyecto cierra con una poderosa metáfora de los filósofos Deleuze y Guattari: no se trata de ser "uno ni múltiples, sino hierba". El PPM es una máquina para ayudarnos a "devenir hierba en el pavimento digital": crecer de forma anónima, resiliente y molecular a través de las grietas del sistema. Nos deja con una pregunta final que resuena en nuestra era hiperconectada: En un mundo obsesionado con la identidad y la influencia, ¿podría la verdadera libertad encontrarse en ser indetectable, molecular e imperceptible?

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