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La izquierda y la necesidad de reconstruir el deseo

Si hubo una pregunta que nunca deja de perseguirme —una sombra que ronda mis pensamientos, sobre todo en, llamémoslo, temporadas post-electorales— fue esta: ¿Por qué la izquierda dejó de ser deseable? No hablo aquí de eficacia electoral ni de encuestas. Hablo de deseo, en el sentido libidinal-político en el que se expresa un anhelo compartido de transformación, una excitación colectiva capaz de abrir grietas en lo cotidiano. La derecha, con su maquinaria afectiva perfectamente engrasada, logró imponerse no porque convenciera racionalmente, sino porque supo capturar el deseo , moldearlo y ponerlo a su servicio. La izquierda, en cambio, quedó atrapada en un discurso moralizante, exhausto y defensivo. Lo que una vez fue horizonte y posibilidad terminó reducido a un repertorio de prohibiciones, advertencias y gestos éticos. Añoranza sin proyecto, crítica sin deseo Desde los años 90, y de forma aún más intensa en los 2000 y 2010, la izquierda se conformó con la denuncia. Fueron décadas ...

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