sábado, 14 de febrero de 2009

Soneto...

¡Ah, cuando canten las campanas!
será la hora de nuestra muerte,
ya no quedará materia viviente,
solo los ténues reflejos granas.

Se hará presente la cruel Nada,
el color, el sabor, todo perecerá,
Dios por siempre desesperará,
y el tiempo volará cual hada.

Pero de algo conservaremos el ardor,
pues tendremos nuestro amor,
que en la eternidad permanece.

En la inmensidad, mi corazón,
siempre te ha pertenecido con razón,
y es lo único que nunca desaparece.